Tecnología

La privacidad como negocio

By David Sanchez

Resumen

¿Realmente te escuchan las grandes tecnológicas o simplemente les dimos las llaves de nuestra vida sin darnos cuenta? Es increíble como sentimos que perdimos esta batalla, un computador sabe todo, todo lo que haces, lo que ves y tu comportamiento

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Hablar de privacidad estos días es algo complicado. Es decir, cada web que visitamos tiene por todos lados "Política de privacidad de datos", "Uso de cookies y rastreadores", "No vendemos tus datos a terceros" y muchas frases llenas de letra pequeña, tecnicismos jurídicos y párrafos gigantes que muy al final tienen un gran botón que dice "Continuar". Pero ¿en qué se traducen todos estos consentimientos que damos? Todos esos consentimientos tienen algo detrás; muchas veces son casi que escapes legales para defenderse en caso de que algo no salga como se esperaba.

Cuando uno trabaja en informática se da cuenta de que nada es al azar y que es increíble la ligereza con la que damos consentimiento y acceso a cosas a las que genuinamente nos parecería imposible darlo hace 20 años, y cómo cada día las empresas encuentran la forma de hacerte a ti parte de un negocio en el que solo pierdes.

Todos hemos tenido la duda de "¿Será que Google escucha todo lo que hablamos y nos muestra anuncios basados en lo que escucha?" o, más allá, "¿escucha mis pensamientos?", ya que, ¡vaya coincidencia!, cuando hablamos de motos, nos aparecen anuncios de motos. Pero la respuesta rápida es no, porque no es necesario. Hay maneras mucho más efectivas y baratas para crearte una necesidad por medio de un anuncio sin gastar millones y millones de dólares en almacenamiento, procesamiento y posibles demandas. Hay formas más sencillas y a las que tú, cuando le das clic a "Acepto los términos y condiciones", les has dado todo el permiso para hacerlo.

¿Qué perdimos exactamente?

Años atrás, salió un asistente en Windows: BonziBuddy, un asistente virtual que fue catalogado como spyware 1 por robar información de los usuarios sin su consentimiento, además de mostrar pop-ups molestos y establecer conexiones constantes a internet con sitios sospechosos. Esto hoy en día lo vemos como una mancha en la historia del software, un meme que llegó lo suficientemente lejos y dejó un precedente en la memoria de todos: no confiar ciegamente en algo que llega a hacerte la vida más fácil a cambio de nada.

Es muy extraño. Ahora vemos eso y no sabemos cómo sentirnos. Software espía que recopilaba información del usuario pero, lo grave, sin su consentimiento. Hoy, para saltar esa barrera, ponen una casilla de "He leído y acepto los términos y condiciones" y guardan más información de la que ese mono pudo sacar a lo largo de su expansión. ¿Por qué cedimos tanto en nuestra privacidad? Siento que es principalmente por comodidad y pertenencia, pero ya llegaremos ahí.

Perdimos la capacidad de decidir sobre formar parte de una estadística o no. Porque, no me malentiendan, la publicidad ha sido uno de los negocios sobre los que se han fundamentado las comunicaciones: desde la radio hasta ahora el internet, a mayor o menor medida, la publicidad ha sido el motor. Los ingresos de Google, YouTube, Meta, la televisión, el Super Bowl y el Mundial (por dar algunos ejemplos) se basan en publicidad y son negocios que mueven millones de dólares, y es bueno. Es decir, la publicidad segmentada ha abierto la puerta a grandes avances de segmento de mercado, audiencias y demás. Antes, colocar un espectacular en medio de la ciudad solo te daba ciertas estadísticas y un público más amplio pero menos seguro. Hoy en internet decides casi al detalle quién, a qué hora, por qué canal, cuántas veces... y todo para llegarte a donde más te duele, conociendo de primera mano tu necesidad.

Pero cuando el negocio, más que venderte algo, es venderte a ti, ahí es cuando todo empieza a irse por donde no es. La publicidad era parte de los ingresos de muchas empresas que encontraban en ella la única forma de monetizar, o, si no la única, un ingreso extra aprovechando la infraestructura que ya tenían. Por ejemplo, en una revista, su motor no era vender publicidad, sino ser un medio de noticias, y, aprovechando las páginas y posibles espacios, los llenaban con publicidad que fuera valiosa para sus lectores. Era un ganar/ganar: la revista llenaba espacios vacíos, se lucraba y llegaba con ofertas interesantes a posibles compradores; el negocio que se anunciaba llegaba a un público más específico, podía aumentar sus ventas y sabía de primera mano a quién iba a llegar esa publicidad; y, por último, el lector tenía su fuente habitual de noticias y en medio podía llegar a tener anuncios que le llamaran la atención y comprar. Pero el negocio no era tenerte leyendo la revista 24 horas al día; el negocio se sustentaba en tu suscripción.

Hoy todas las plataformas compiten por atención, y lo lograron. Saltamos de Reels a TikToks, a shorts, todo el día, con dos videos que nos interesan y un anuncio.

La memoria infinita

Una máquina (computador, celular, servidor) es capaz de recordarlo todo. A diferencia de antes y cuando digo antes es mucho antes de la digitalización masiva, dependíamos de un intermediario que registraba lo que le interesaba y lo que, con capacidades limitadas, podía leer, medir, guardar y analizar. Hoy en día no: un computador, sin que se lo pidas, tiene el registro de absolutamente todo. Parece hasta de película de ciencia ficción, pero no; tu computador sabe en cada momento qué hiciste, qué tecla presionaste, a dónde moviste el mouse, qué páginas visitaste y ten por seguro que el modo incógnito no te salva de nada de eso.

Eso les abrió la puerta a las empresas, que vieron en este seguimiento un negocio: saber quién eres, dónde estás, qué compras, qué lees, a qué hora te conectas. Puede que no sepan "David visitó su blog", pero saben que alguien en Colombia entró, y ya eso es solo el dato más fácil y rápido de obtener. De ahí para allá, saben de primera mano todo lo relacionado contigo, y tú mismo les diste la llave.

Al aceptar cookies, navegar por diferentes páginas y registrarte en sitios, vas construyendo una huella digital que, en mayor o menor medida, está asociada a ti. Tú, usuario, eres solamente un número, un ID en una base de datos gigante que colectivamente no le importa a nadie, pero individualmente basta con que levantes la mínima sospecha para que esa huella quede marcada.

Esta huella no requiere acceder a tu micrófono ni a tu cámara, ni mucho menos leer tu pensamiento: basta con analizar un poco esa huella invisible que vas dejando y llegar a conclusiones, sin saber quién eres o qué buscarás.

Ejemplo

Tienes el celular contigo todo el día: GPS, Bluetooth, Wi-Fi activos. Sales de tu casa y Google lo sabe: ya no estás conectado a Wi-Fi. Pusiste una ruta en el GPS: vas a una clínica. Te había llegado un correo a Gmail que dice "Confirmación de cita"; Gmail no lee el contenido del mensaje, solo el asunto. Te demoras una hora en la clínica, pagas con Google Pay en un sitio llamado "Clínica X" y luego te llega otro correo: "Resultados de exámenes". En el registro de llamadas se ve claramente que llamas a un contacto llamado "Mamá" y a un "Amorcito", llamadas de 10 a 15 minutos. Mágicamente llega publicidad: "Clínicas cerca de ti".

Es un ejemplo básico, y en el ejemplo no puse en ningún momento si eras hombre o mujer, viejo o joven, deportista o sedentario. Esos datos dan igual, pero la publicidad llegó. No escuchan tus llamadas, es imposible manejar esa cantidad de información; con solo la metadata ya vieron qué te pueden mostrar. Y si a esa huella le añadimos las interacciones fantasma (tu "Amorcito" y tu "Mamá") de quienes casualmente uno buscó "Seguros de vida" y el otro "Tratamiento de diabetes", la conclusión es más que clara, ¿no?

Ese ejemplo imagínalo en millones de usuarios, con contactos, localización y metadata. Ese es el punto clave: tú como individuo no representas nada; como un todo, sí.

Eso a mano es imposible de llevar con más de dos o tres personas produciendo información todo el día, pero para los computadores es el día a día.

La hiperconexion

Cuando la necesidad de pertenecer nos domina, o simplemente buscamos hacernos la vida más fácil, terminamos cediendo sin cuestionar. O tal vez sea porque no hay más opción: nos vendieron la idea de que conectarlo todo es el futuro, pero ese futuro, en las manos equivocadas, es muy peligroso.

Actualmente todo tiene internet (y no voy a mencionar la IA, sinceramente paso) y una pantalla: tu lavadora, tu nevera, tu carro... y ¿a que no adivinas? Eso genera metadatos, y al estar conectados, ya sabes dónde paran. Las pantallas llegaron como el sustituto de los botones pero, ¿seguro será solo para eso?

El ejemplo más reciente es LG 2, que enviaba metadatos a sus servidores tuvieras o no el TV encendido. Y no eran datos propios, no: qué celular tienes, dispositivos conectados a tu red, direcciones IP y hasta grabaciones de audio y video (al final parece que sí les interesaba y querían llenar servidores). Ahora imagínate una nevera, una lavadora, un bombillo inteligente, un Alexa de Amazon... Es increíble la cantidad de información que como consumidores somos capaces de producir, y cómo parece que ya es una batalla perdida.

No es necesario quemar tu televisor o volver a usar palomas mensajeras. Al final, la privacidad y nuestros datos son responsabilidad únicamente de nosotros como usuarios. La metadata y las conclusiones han existido desde siempre: el "chisme" solo se industrializó. Eso nos deja la reflexión que siempre surge cuando se toca la privacidad:

Cuando el producto es gratis, la mercancía eres tú.

Es raro: leyendo la noticia de BonziBuddy, la empresa detrás pagó al final $75.000 USD 3 por acceder a información de infantes en un primitivo internet de comienzos de los 2000. Eso, actualmente, es la moneda de cambio de todas las compañías; hay empresas que saben más de ti que tú mismo.

Footnotes

  1. Tomado de: http://howtogeek.com/321720/a-brief-history-of-bonzibuddy-the-internets-most-friendly-malware/ ↩

  2. Investigacion de: https://www.youtube.com/watch?v=6IFVTcM28KA ↩

  3. Tomado de: https://www.ftc.gov/news-events/news/press-releases/2004/02/umg-recordings-inc-pay-400000-bonzi-software-inc-pay-75000-settle-coppa-civil-penalty-charges ↩

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